El consumo excesivo de sal es uno de los principales factores de riesgo de hipertensión, enfermedades cardiovasculares y accidentes cerebrovasculares.
En España se consume el doble de sal de la recomendada. La Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja que las personas adultas consuman menos de 2.000 mg diarios de sodio, cosa que equivale aproximadamente a una cucharadita de café de sal, y cantidades todavía menores en el caso de los niños.
La mayoría (casi tres cuartas partes) de la sal que se toma diariamente no se añade manualmente, sino que proviene de los alimentos procesados y ultraprocesados, sobre todo los productos cárnicos procesados (embutido, jamón, salchichas, etc.), los quesos, los platos preparados y el pan.
Cualquier persona, sobre todo si sufre hipertensión o algún trastorno cardiovascular, se beneficiará de reducir el consumo de sal.
Es bueno que los niños, que están en una época de educación de los gustos, no se acostumbren al gusto salado (ni dulce) por la adición de sal (y azúcar).
